Introducción: Para entender las implicaciones que el aprendizaje del inglés, como segundo idioma, puede tener en la evolución de la competencia lingüística-académica de los niños con T.E.L., hay que tener en cuenta las especificidades neurofisiológicas y neuropsicológicas que los caracterizan.
Nuestros más de 10 años de experiencia, interviniendo de manera especializada con ellos, nos han revelado que -los severos problemas que presentan con su lengua materna- condicionan la adquisición de una segunda lengua; la cual, en su caso, se inicia cuando el proceso de adquisición y desarrollo de la lengua origen todavía está alterado. Asimismo, valorando que en el aprendizaje de la segunda lengua hay una mayor intervención de los procesos cognitivos centrales, hay que entender que en los niños con T.E.L. estas aptitudes también son deficitarias (capacidad de atención a la escucha, memoria de trabajo, conocimiento del mundo real, habilidades para la resolución de problemas, etc).
El artículo 71 del Capítulo I del Título II de la LOMCE establece que “todo alumnado debe alcanzar el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional, así como los objetivos establecidos con carácter general para la etapa”.
En el caso de los niños con T.E.L., la práctica nos dice que proseguir con el aprendizaje del inglés no les reporta el mismo beneficio cognitivo-lingüístico que a sus iguales y sí tiene, para ellos, un alto coste emocional. Al no poder responder como sus compañeros a la exigencia establecida, se daña su autoestima y se ve afectado su estatus sociométrico dentro de clase. Además, en vez de enriquecer sus conocimientos generales y del lenguaje, puede retrasar considerablemente su evolución; siendo la etapa de Educación Primaria clave para su fortalecimiento personal y, en consecuencia, determinante para su futuro.
En el caso de los centros educativos que siguen un proyecto bilingüe, esto se está traduciendo en una demora en el aprendizaje de algunos contenidos curriculares (por ejemplo, en la asignatura de Ciencias Naturales). Atendiendo a sus dificultades para recibir y elaborar la información verbal, los niños con T.E.L. poseen un conocimiento más restringido de la realidad y necesitan que componentes lingüísticos, que los otros niños aprenden de forma natural, se les enseñen de forma explícita. De manera concreta, acceder en inglés a términos que no conforman su repertorio lexical español puede empobrecer éste; así como condicionar la adquisición de nuevos aprendizajes en la Etapa de Educación Secundaria.
Por otro lado, al aparecer asociadas de forma consecuente Dificultades de Aprendizaje de la Lecto-escritura en la lengua materna, en el proceso de incorporación de la lecto-escritura en inglés es esperable que también tengan dificultades en el manejo de su ortografía (tardarán más tiempo en incorporar las correspondencias grafema-fonema, al ser éstas más complejas que las del español) y el proceso de incorporación de la lectura será además más lento (necesitarán que se les haga explícito, a través de algunos “tips”, cómo tienen que leer en inglés). Todo ello, podría provocar también un debilitamiento de los dos sistemas de escritura.
El artículo 79 de la LOMCE establece que “se desarrollarán programas específicos para los alumnos que presenten graves carencias lingüísticas o en sus competencias o conocimientos básicos, a fin de facilitar su integración conforme al nivel y evolución de su aprendizaje”.
Los niños con T.E.L. no presentan las mismas dificultades que las que pueden encontrar el resto de niños en el proceso normal de adquisición de una segunda lengua. Al presentar un problema de base en el procesamiento psicolingüísitico (en algunos casos, además, con una afectación multimodal tanto en la vertiente comprensiva como expresiva) no basta con exponerles a la segunda lengua (hemos podido comprobar como algunos niños con T.E.L., nacidos y criados en un contexto familiar bilingüe, presentan dificultades similares en los dos idiomas) ni bajar la exigencia sobre ellos. Si bien, necesitarían seguir precozmente un Programa de Estimulación Especializado.
Para que los niños con T.E.L. pudieran beneficiarse de la medida que recoge el artículo 79 de la LOMCE (en la asignatura de <<Lengua Extranjera-Inglés>> y en aquellas otras impartidas en este idioma), los centros escolares deberían contar con Maestros Especialistas en Audición y Lenguaje y profesores de Pedagogía Terapéutica que poseyeran una buena doble competencia inglés-español; para poder elaborar los referidos programas de acuerdo con las necesidades particulares de estos niños. Asimismo, los profesores de inglés deberían contar con las estrategias suficientes para facilitarles el proceso de enseñanza-aprendizaje de la segunda lengua y que éste fuera efectivo.
En base a todo lo expuesto, estimamos que lo más beneficioso para los niños con T.E.L. sería esperar a que desarrollaran su competencia lingüístico-académica en la lengua materna y enfrentarles después a un segundo idioma; ya que también es posible el aprendizaje tardío de una lengua extranjera.

BIBLIOGRAFÍA:

Bonnot, J-F. “Bilingüismo en el niño” En: Narbona, J. y Chevrie-Muller, C. El lenguaje del niño. Desarrollo normal, evaluación y trastornos. 2ªed. Barcelona: MASSON, S.A. 2011, pp.63-68. – Ley Orgánica 8/2013 para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Boletín Oficial del Estado, 10 de Diciembre de 2013.

G. Alaló Morales, B. Fresnillo Benito

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